"Enseñar exige comprender que la educación es una forma de intervención en el mundo" - (Paulo Freire)
"Cátedra Libre Educárcel": septiembre 2009
Ultima actualización 9 de febrero de 2012.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Sobrevivir la cárcel, las marcas del encierro

Por: El Universal /México, D.F.

¿Cómo se sobrelleva el encierro? ¿Quiénes sobreviven ahí dentro? 


Responderlo es un ejercicio estéril para muchos reclusos, pero uno de ellos resume: La jaula, aunque de oro, nunca deja de ser prisión.
“Ya lo que pido es perdón de Dios, perdón de las autoridades, perdón de todo el mundo para ya poder salir”.
Y efectivamente, Manuel Arévalo Guillén, un hombre compacto de 34 años y condenado a 46 de prisión, salió de la penitenciaría de Santa Martha Acatatitla.
Lo hizo a tan sólo 48 horas de haber pronunciado, en entrevista, esas palabras. Voló de la jaula. Se ahorcó dentro de su estancia.
“Me siento readaptado, el problema es si los demás lo creen”.
Esa fue su última respuesta a una serie de interrogantes sobre su vida en reclusión y las posibilidades de cambio dentro de la cárcel.
Pero lo que “los demás” o la autoridad evaluaron, readaptado o no, eso simplemente ya no importó.
¿Cómo se sobrelleva el encierro? ¿Quiénes sobreviven ahí dentro? ¿Qué marcas deja la cárcel?
Responderlo para muchos internos es un ejercicio estéril. Porque como resumía Manuel “la jaula, aunque de oro, nunca deja de ser prisión”.
Y pocos, más aptos para describirlo.
Pasó la mitad de su vida, “mis mejores años” zanjó, en reclusión: desde los 19 “de un módulo de máxima seguridad a otro, siempre encerrado, humillado” al grado que llegó “a desconfiar de Dios”.
Pero el viernes previo a su suicidio, el domingo 20 de enero, su cuerpo -una masa cuadrada de músculos-, sus manos -hinchadas y siempre en movimiento- y su mirada -sólo de vez en vez directa a los ojos- denotaban esperanza pura.
Estaba entre los reclusos estrella de la Peni, donde a decir de los propios internos están los peores delincuentes de la capital: violadores, secuestradores, narcotraficantes y homicidas o multi-homicidas como “El Chuta” como se conocía a Manuel ahí dentro.
Era campeón de box y de americano. Es más, fue a sugerencia del propio director de la Peni que se entrevistó a “El Chuta”.
A Manuel no le importó que se difundiera su nombre o que se le fotografiara, su inquietud consistía en verse aseado, y por ello acomodó su gorra rojo sangre.
Recientemente, se le había nombrado coordinador del área deportiva de Santa Martha Acatitla: “no le voy a decir que soy el mejor, pero sí soy de los internos que representa a la penitenciaría; me he traído los triunfos”.
Por ello confiaba en que obtendría en un futuro no muy lejano su libertad. “Las autoridades me han apoyado”, insistía; y luego cumplía con la pleitesía “la cárcel ha cambiado, nos tratan mejor”.
Esperaba salir en 8 años, con tan sólo 23, y no 46 años compurgados.
Esto, a pesar de ser reincidente -su segundo homicidio lo cometió ya recluido- y violento, limitantes para la obtención de beneficios de Ley.
Pero Manuel, como alrededor del 15 por ciento de los internos de la capital según estimaciones del Gobierno, llevaba ya unos cuantos años inmerso en actividades de “readaptación”.
Dicho de otro modo, juntando constancias que acreditaran un cambio.
Porque en la jaula, como dicen los presos, sólo “papelito habla” y para la readaptación hay que “asistir a cursos, a actividades del centro de psicología y de la unidad de deportes y trabajar para el Gobierno” dijo.
Sin embargo, eso llamado readaptación y que fundamenta la existencia de nuestros centros de reclusión, parece ser el mayor reto dentro de la cárcel.
“Hay muchas paredes, muchas bardas para lograr eso”, explica Antonio Javier Castillo, Toño, quien optó también por volar en la jaula.
Pero a diferencia de Manuel que se mató en su estancia, Toño vuela casi a diario dentro de una de las cuatro aulas de la Peni, donde sueña obtendrá su libertad anticipada gracias a la carrera de derecho que cursa ahí dentro.
Porque cada quien asume el encierro como puede.
Muchos en un viaje sin retorno o sin destino: “necesitamos de droga para sobrellevar el encierro” explica Fernando Valdez, mientras sostiene un alebrije recién terminado en el área de trabajos del Reclusorio Norte, donde paga una condena por violación.
Coca, mota, tachas y a volar. Sólo hay que pagar.
“El que no era adicto, aquí se vuelve” suelta Toño mientras intenta explicar, con la Constitución en mano, porque no debió ser acusado de homicidio, sino por lesiones.
“En la cárcel sobrevive no el más fuerte, sino el más inteligente”, resume.
Y eso que en la Peni, la competencia por espacio, por agua, por comida, por luz, por trabajo y por ende por un peso que permita el pago del pase de lista o de un cigarrillo, es menor que en el Reclusorio Norte donde el hacinamiento es notorio a simple vista.
Por ellos la mayoría asegura que a la cárcel se va o a empeorar o a “trabajar” -apilar papelitos- por la libertad.
“Yo vivía en un núcleo social muy desorganizado donde se veían asaltos, se repartía droga” recordó Manuel, “El Chuta”, conforme clavaba frenético los puños en una de las peras fijas a un costado del ring de la Peni.
“Entonces cuando ingreso al penal, me fue fácil seguirme en más situaciones”.
Fue guarura, golpeador, traficante y hasta matón ya dentro del reclu.
Pero, insiste, sólo hasta que encontró a Mónica, su amada y madre de “tres bebés” concebidos durante la conyugal.
Por ella toleró que lo llamaran “arrepentido”, “espantado”, “agarra-biblias” cuando decidió enderezar el rumbo.
No pudo. Cómo no puede la mayoría ahí dentro.
¿Cuál de todos los 35 mil y tantos que quedan volará próximamente de la jaula? ¿En qué viaje?
Manuel, salió en bolsa. Y confesó horas antes: “¿qué me ha dejado la cárcel? Frustraciones, humillaciones, valoración y mucho amor hacia mis hijos y mi esposa”.
¿Readaptación?
En los últimos cinco años, según datos del Gobierno capitalino, han pasado 185 mil hombres y mujeres por los once centros de reclusión del Distrito Federal.
En su mayoría, se trata de varones entre los 20 y 30 años, primodelincuentes y sentenciados por delitos menores.
Pero, la cárcel es la misma para todos. Violentos o no, reincidentes o no, culpables o no.
Y la constante, a decir de la propia autoridad, es la escasez: “Todo fue planeado para una capacidad de 22 mil internos y tenemos 34 mil 500 entonces es una disputa permanente por todo”, explica Juan José García Ochoa, subsecretario de Gobierno y hasta hace unas semanas responsable de los Centro de Readaptación Social del Distrito Federal.
La expectativa es que para el año 2012 la población penitenciaria rebase los 42 mil internos por lo que la sobrepoblación será del cien por ciento; con todo lo que ello implica, porque “no hay condiciones de readaptación social hoy por hoy en nuestras cárceles”, asegura Elena Azaola, investigadora del Centro de Investigaciones Superiores de Antropología Social y quien, junto a un grupo de académicos del CIDE, realizó una evaluación del sistema penitenciario en el Distrito Federal.
El estudio revela que no sólo las prisiones están sobresaturadas y son “sumamente costosas para la sociedad”, sino que quienes están dentro en realidad no deberían estarlo.
“No hemos sido capaces de diseñar sistemas de penas alternativos para quienes no requerirían estar en prisión” por tratarse de delitos menores y en cambio se favorece un modelo que se “concreta a llevar a más personas en prisión” sin cuestionarse si ello conlleva a la readaptación o a abatir la criminalidad.
Las autoridades argumentan que esto fue a raíz de las reformas legislativas aprobadas en 2003 en las que se aumentan penas y dificulta la posibilidad de liberaciones anticipadas.
Cierto o no, el elevado índice de reincidencia, muestra “el fracaso” del sistema penitenciario a decir de Azaola.
Sus cifras, sin embargo, difieren de las oficiales.
Mientras el Gobierno habla de un 20 por ciento de reincidentes, Azaola y el CIDE, refieren un 40 por ciento.
Este año se duplicó el presupuesto al sistema penitenciario con la intención de aminorar sus deficiencias.
Pero, la Subsecretaría de Gobierno reconoce que el reto no es sólo de recursos:
“Tenemos que lograr que la autoridad prevalezca en las instituciones penitenciarias, que se respeten las normas internas, que no haya corrupción, que se toleren las drogas y eso se va a lograr conforme tu infraestructura aumente”.
Fundaciones como Segunda Oportunidad, orientadas a apoyar a ex reclusos, indican que el reto está en otorgar oportunidades de trabajo.
Javier Fernández, víctima de un secuestro y presidente de la ONG, brinda trabajo a ex convictos.
No tiene fe en las autoridades, pero mantiene la esperanza en que a mayor crecimiento y mayores oportunidades en la legalidad, menor violencia y por ende menos cárcel.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Presas del teatro en Tucumán

Fuente: "Prensa de Frente".
15/09/2009
 
La Casa de Bernarda Alba entre rejas


En la obra de Federico García Lorca un grupo de mujeres viven el encierro y la opresión bajo el yugo de una madre que se impone exigiendo el silencio más absoluto. Al igual que en la ficción, las autoridades tucumanas silenciaron a las actrices que pretendían realizar esta obra. El mismo día que se disponían a estrenar la pieza, ensayada por casi un año en el marco del proyecto Nuevos Territorios de Expresión, fue prohibida por las autoridades del Instituto de Rehabilitación Santa Ester de Banda del Río Salí en el Complejo Penitenciario de Villa Urquiza.

Lo más llamativo es que este proyecto surgió a instancias del Ministerio de Educación tucumano, que en acuerdo con la Oficina de Cooperación de la Unión Europea con América latina “EuroSociAl”, y en el marco del Programa Nacional de Educación en Contextos de Encierro, alentaron la propuesta. En una primera instancia no sólo se trataba del taller de teatro sino que les propusieron participar de talleres de escenografía, iluminación, maquillaje y vestuario, pero esto nunca se concreto. En el programa además participan jóvenes de entre 18 y 21 años detenidos en la Unidad 5 de Jóvenes Adultos.

Fernando Korstanje, a cargo de la coordinación y gestión de los talleres, plantea que “lo que queríamos era hacer teatro dentro y fuera de las cárceles, y elegimos esa obra porque tiene personajes femeninos y se desarrolla en un ambiente similar al de una prisión, el de una madre que las tiene maniatadas, amordazadas, sin libertad. Las internas se engancharon muy fuerte con la obra, le incorporaron cosas de ellas a los textos y querían compartirla con el público; así que es muy difícil imaginar lo que es para ellas estar privadas de la libertad. Haber hecho semejante esfuerzo y que sin razones les prohíban el estreno, es muy injusto”.

La repsonsabilidad de la prohibición corrió por cuenta del gobierno provincial, aunque este se pasan la pelota de unos a otros funcionarios. La obra se iba a estrenar el 19 de junio en el penal y el 2 de julio en el teatro público Orestes Caviglia, pero cuando llegó la hora las autoridades del penal no dejaron ni que el coordinador, ni el director de la obra, Mariano Quiroga, ingresaran al establecimiento carcelario. “Los del Ministerio de Seguridad - de quien dependen las cárceles - le echan la culpa al Ministerio de Educación, los del Ministerio de Educación no dan respuestas muy claras, le echan la culpa a la gripe A, pero el 19 de junio nadie hablaba de suspender nada por la gripe. No hay una justificación y no hay una reprogramación, el gobierno no quiere hablar de censura, ni de prohibición pero tampoco acomoda una nueva fecha para el estreno” reclama Korstanje y señala que en el viernes 11 de este mes, presentaron más de mil firmas ante el gobernador a la espera de una respuesta.

“En las cárceles hay tortura, tratos crueles, inhumanos y degradantes”

Que Korstanje pudiera ingresar a la cárcel con una cámara era una de las cuestiones que más inquietaba a las autoridades. En la Unidad 5, donde se encuentran alojados los jóvenes de 18 a 21 años, muchos de ellos sin condena, los baños están colapsados y fuera de servicio. En cada celda viven entre 6 y 12 pibes que sólo disponen de un tacho de 20 litros para defecar y cuando se llena pueden recurrir a las bolsas de plástico que después tiran por la ventana que da al patio del penal. Tampoco tiene un comedor, almuerzan y cenan en las mismas celdas en las que pasan tirados gran parte del día, ante la absoluta indiferencia y falta de propuestas.

En la de mujeres los problemas edilicios no son tan extremos pero la arbitrariedad de las decisiones hace que exista un cartel en el que se afirma que no se puede ingresar “literatura subersiva”, frutas ni semillas de sandía para la huerta, ni sahumerios porque le molestan a la “Señora” (la Directora de la Unidad). Cuando Mariano Quiroga, director de la obra, en uno de los ensayos les dijo que hablaran más fuerte, estas mujeres conquistaron el derecho a gritar, y a reclamarle silencio a las guardiacárceles, por lo menos mientras estaban ensayando. Por eso para estas mujeres el teatro fue fundamental; “lograron entre ellas una cohesión que nunca habían tenido y lograron fabricarse un espacio de libertad dentro de la cárcel, tenían códigos comunes y sueños que traspasaban los muros y los barrotes. Se notaba que podían fabricarse un grito de libertad propio”, resume Fernando Korstanje e invita a sumarse a la campaña de adhesión por el estreno de la obra.

martes, 15 de septiembre de 2009

La poesía como medio de expresión para las mujeres detenidas

 Fuente: "El diario de Madryn".
 
ENTREVISTA A LA POETA MADRYNENSE CLAUDIA PRADO
 
 
Claudia Prado es una reconocida poeta madrynense nacida en 1972 y que actualmente reside en Buenos Aires. Publicó los libros de poesía “El interior de la ballena” (Nusud, 2000), “Viajar de noche” (Limón, 2007) y “Aprendemos de los padres”, un libro de collages y poemas, junto al artista plástico Víctor Florido.
Sus poemas fueron incluidos en varias antologías, “Antología de poesía de la Patagonia” (CEDMA, 2006) y “Poetas argentinas (1961-1980)” (Ediciones del Dock, 2007), entre otras.
Realizó, en colaboración con otros artistas, el documental “Oro nestas piedras”, sobre el poeta sanjuanino Jorge Leonidas Escudero (Editorial Voy a salir y si me hire un rayo, 2009).
Forma parte actualmente de “Yo no fui”, una asociación civil y cultural sin fines de lucro que trabaja en proyectos artísticos y productivos en los penales de mujeres de Ezeiza y con las mujeres que salen en libertad.
Junto a la poeta María Medrano, coordina el taller de poesía de la Unidad Penitenciaria Federal Nº 31 de Ezeiza.
La Unidad 31 fue inaugurada en 1996 para proteger a las embarazadas, luego de un motín acontecido en la Unidad 3, única prisión federal de mujeres hasta ese entonces.
Allí conviven embarazadas, mujeres con sus hijos y detenidas con buena conducta que cumplen condena o que esperan, largamente, su juicio.
En esta entrevista, Claudia Prado nos cuenta sobre la asociación Yo no fui, sobre el taller de poesía y su relevancia en la vida de las mujeres detenidas.
“Yo no fui. El nombre no indica sólo la ironía que está a la vista, también es lo que puede leerse entre líneas: que estas mujeres no fueron silenciadas.
Yo no fui es una muestra de lo que con esfuerzo lograron construir y defender en el encierro: un puente con el afuera que las espera, una ventana para comunicarse con el exterior.
Unir lo que está separado, de eso se trata, de acercar la lejanía y preparar la salida”.
 
¿Cómo surgió la idea de vincularte a este taller?
 
El taller de poesía existe desde el año 2002, como parte de un proyecto de la Casa de la Poesía. Comenzaron un taller en el Borda y este otro en la cárcel de mujeres. Desde el comienzo lo coordinó María Medrano y ella me invitó a participar en el año 2006. Desde entonces lo coordinamos juntas.
Por esa misma época, cuando salieron en libertad algunas mujeres que participaban del taller, surgió la necesidad de que el trabajo que se hacía adentro de la cárcel continuase afuera y, entre todas, comenzamos a pensar lo que ahora es Yo no fui.
En este momento, Yo no fui es una asociación civil y cultural que da varios talleres artísticos y productivos dentro y fuera de los penales. Además del taller de poesía, hay talleres de fotografía, diseño de indumentaria, serigrafía, encuadernación, un ciclo de cine y uno de música.
 
¿Qué aspectos te motivaron a participar?
 
Mi primer contacto con el taller de poesía fue cuando me invitaron a leer, junto a muchos otros poetas, en un festival de poesía que se realizó en la cárcel. Ese día quedó clarísima para mí la importancia que tenía para esas mujeres poder escribir y que lo que escribían fuese leído y escuchado por otros. Las palabras, en ese contexto, eran de una
necesidad y una fuerza muy particulares. Era un lugar tristísimo, pero la posibilidad de estar reunidos leyendo hacía que el momento fuese feliz.
Eso sigue sucediendo cada vez que estamos en el taller. Y creo que también pasa en los otros talleres.
Por otra parte, es importante trabajar con un grupo constituido por mujeres. También participan hombres, pero la mayoría somos mujeres. No era habitual para mí estar en grupos donde las decisiones las tomaran las mujeres y que estuvieran destinados prioritariamente a mejorar sus vidas.
 
¿En qué consiste el programa o las consignas de trabajo?
 
El grupo trabaja con el objetivo de que estas mujeres tengan acceso a la educación y a la producción artística y cultural.
Dentro de las cárceles se realizan los talleres que mencioné antes y, pronto, va a comenzar también un taller para bibliotecarias. Afuera, también se dan talleres de poesía, serigrafía, encuadernación y diseño textil. Nuestra intención es que el aprendizaje que inician estando detenidas lo puedan continuar cuando salen. Y también que los talleres sean útiles para encontrar una primera salida laboral.
Los productos que se realizan se venden en ferias, en comercios y a través del blog de Yo no fui, también se hacen trabajos a pedido, para instituciones o empresas.
Trabajamos en muchos casos con materiales reciclados e intentamos que los productos sean una forma de expresión. Las remeras por ejemplo están estampadas con fotos tomadas en el taller de la unidad 31.
 
¿Cómo se vinculan las mujeres detenidas con esta propuesta y qué aportes les brinda?
 
Estos talleres son, dentro de la cárcel, un momento de descanso en el que pueden expresarse libremente, olvidando por un rato el lugar en el que se encuentran. Por ese motivo suele haber mucho compromiso y trabajo. Eso se ve claramente en las producciones: los poemas o las fotografías suelen ser de una intensidad muy particular.
Y el trabajo afuera también lo vamos haciendo entre todas. En algunos casos quienes comenzaron asistiendo a algún taller, ahora están coordinando otro.
Casi todas las mujeres detenidas estaban en una situación de pobreza extrema, y tienen muy pocas oportunidades de mejorarla. Encontrar una posibilidad real de educación y trabajo es para ellas muy valioso.
Lamentablemente, eso que debería asegurar el estado de ninguna manera pueden reemplazarlo proyectos pequeños como éste. Hay mucha gente de Madryn que, aún a la distancia, está colaborando con este proyecto y aprovechamos esta oportunidad para agradecerles, ya que solo es posible hacerlo gracias al aporte de las personas que de diversas maneras participan.
Para conocer más acerca de las actividades de la asociación civil y cultural Yo no fui, www.proyectoyonofui.blogspot.com ó escribir a proyectoyonofui@gmail.com


Algunas producciones de las mujeres detenidas que participan del taller de poesía

LILIANA

si la bala hubiera alcanzado
el punto exacto del nervio
en que la sangre bulle
sin límites
atravesando la carne inútil
el músculo idiota que detuvo su marcha
tan solo, tomando en cuenta
la física elemental
la anatomía
recordando aquello que nunca
debiste haber olvidado:
todas (leé mis labios), todas
arriba del calibre 38, patean
incluida tu preciada Thunder 40
calculándolo todo
en lugar de ganar una batalla
hubieras ganado la guerra
porque entonces
yo no sería más que historia antigua
un daño colateral
un fogonazo de tus días pasados



LAURA

Magreb

si camino
             puedo morir
si el tiempo avanza
mis horas se descuentan

quiero tanto apurar el reloj

mi alma está suspendida
y mi cabeza se desintegra

mientras tanto
mi cuerpo está liviano
el dolor no engorda


LIDIA

El polvo y el tiempo acumulados
se han ido fugando de tus ojos.
Por eso tu sonrisa cambió algo
en este invierno que ya no pasará
de un beso en un pétalo de hielo.
Compraste la muerte hacia el pasado
con humedad incrustada en los dedos
en remolinos que huyen del amor
a la estancia cruel del odio
 

lunes, 14 de septiembre de 2009

Más del 50% de los presos estudia o realiza alguna capacitación

Fuente: INFOBAE.COM

De los casi 10.000 detenidos con penas firmes en todo el país, un 55% asiste a las aulas de las cárceles federales. Allí se dictan los cuatro niveles educativos por parte de docentes penitenciarios y otros profesores.
El número de matriculados no deja de crecer en los programas que promueven la educación e incentivan a los internos a participar de las actividades en las aulas. La actividad no es cerrada: participan en la oferta educativa y cultural en las cárceles federales, dependencias nacionales y distritales, organizaciones, profesionales y referentes de la educación y la cultura en la comunidad libre.

En 2009, la matriculación para el nivel primario y EGB alcanzó a 3.040 individuos de ambos sexos, aproximadamente la mitad de la cifra de cursantes. En el nivel medio y Polimodal, el registro es de 2.029 asistentes.

En altos estudios, cursan nivel universitario 387 internos alojados en las unidades federales. Paralelamente, en el otro extremo educativo, son atendidos en nivel de alfabetización 92 detenidos.

Un capítulo aparte merece la atención que, fuera del predio penal de la Unidad para mujeres Nº 31, "Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás", de Ezeiza, brinda su jardín maternal modelo al recibir a 45 menores de hasta cuatro años que acompañan a sus madres detenidas, al tiempo que los ocho restantes acceden a un jardín maternal de la comunidad con asiento en la zona de Ezeiza.

La oferta educativa en las unidades del Servicio Penitenciario Federal (SPF) agrega el llamado a concurrir a los cursos y talleres de formación profesional -centralmente oficios-, donde este año participan 680 internos.

Asimismo, las bibliotecas de las cárceles del SPF, que materializan ayuda y esparcimiento a los estudiantes y no estudiantes, tienen en vigencia un registro de 8.545 concurrentes, prácticamente el 90% del total de la población penal actual.

Otra actividad a destacarse es la participación en diversas actividades culturales –talleres de música; lectura; teatro; poesía; fotografía; pintura; serigrafía; murga, entre otros- de 1.725 hombres y mujeres detenidos. Esto es posible con el aporte de las instituciones listadas abajo.

Finalmente, más del 75% de la población penal, esto es casi 7.700 internos, participan de las actividades físico deportivas, dictadas por maestros y licenciados en educación física que trabajan intramuros.

En total, según las cifras de la Dirección de Educación, Cultura y Deporte del SPF, son 5.593 los internos matriculados en las actividades educativas antes detalladas.

En números, más de la mitad del total de la población penal alojada en el Servicio Penitenciario Federal aceptan la oferta educativa y cultural a su disposición, una de las herramientas que junto al trabajo carcelario aporta una visión de un futuro capaz de discernir que es mejor la no reincidencia.

Cómo es el trabajo de la UNSAM en la carcel

El Centro Universitario San Martín (CUSAM)arrancó el segundo semestre de clases. 24CON habló con los creadores de este proyecto sin precedentes en el mundo.
 
por
Redacción 24CON
 
El trabajo que iniciaron este año la UNSAM y la Penitenciaría de San Martín no tiene antecedentes en otros lugares. Nunca una Universidad tuvo sede en la cárcel. A pesar de las vicisitudes presupuestarias, y de la falta de apoyo estatal, los creadores del proyecto siguen apuntando alto. Una carrera de grado y cursos especializados les dan la posibilidad a presos y guardias de tener una formación que, de otra manera, es muy probable que nunca pudieran conseguir.

El Doctor Jorge Fernández, coordinador del Centro, explica en qué consiste este trabajo mancomunado entre el sistema educativo y el penitenciario.

¿Qué importancia le adjudica a los diferentes Centros que se dedican a educar en contexto de encierro?
Pienso que hemos alcanzado a comprender, claro está que no todos y aún no de una manera medianamente suficiente, la importancia que tiene el hecho de que  la sociedad les ofrezca educación a aquellas personas que, por diversos motivos, se encuentran privadas de libertad. Esto es mantener una puerta abierta allí donde domina el encierro. Esa importancia la podemos entender en varios sentidos o direcciones. La primera y principal es, naturalmente, la oportunidad que se le brinda a una persona de desarrollar su vida, por más que esta persona haya cometido uno o más delitos de cierta gravedad. El segundo aspecto radica en el bien que esta educación revierte sobre la misma sociedad. Tenemos que comprender que muchas de las personas que se encuentran privadas de libertad encuentran en esta situación su primera, y quizás única, oportunidad de educarse de manera sistemática. El tercer aspecto es el bien que estas prácticas le pueden hacer a la educación misma. La educación en general, que se encuentra a menudo sin respuestas, especialmente ante las demandas de adolescentes y jóvenes, reencuentra a menudo, en sus prácticas de educación en contextos de encierro, su propia esencia. Alguien dijo, hace unas décadas, que “los pueblos, como el mar, tarde o temprano, devuelven lo que se les arroja”. La educación es la encargada de enseñarnos a aprender a recibir todo aquello que se hace en nombre de la humanidad o de la civilización.

¿Por qué la creación del Centro Universitario San Martín (CUSAM)?
Todos estos planteos nos llevan a tener que animarnos a mirar del otro lado del muro y diseñar una mirada educadora, esto quiere decir, no intrusiva y comprometida con el proceso formación que cada persona inicie. Pero hay que saber que sólo podemos empezar en parte a realizarlo, cuando nos animamos a entrar, a traspasar el número de vallas y puertas que separan nuestra libertad de la de ellos.
En la UNSAM nos hemos animado a dar este paso. El 7 de noviembre de 2008 se firmó un convenio con el Servicio Penitenciario de la Provincia de Buenos Aires, en él se le cede a nuestra Universidad las instalaciones situadas en uno de los predios de la Unidad 48 correspondiente a la Penitenciaria de San Martín.
El resultado es la apertura del CUSAM. Gracias la voluntad de Claudio Molina, Director de la Penitenciaría y a la decisión de Carlos Ruta, Rector de la UNSAM.

¿Cómo se fue gestando este Centro Universitario?
Como sabemos, las puertas se abren desde adentro y hacia adentro. El hecho de que el CUSAM exista se debe principalmente a la lucha por “romper las barreras de la inercia” que han emprendido un grupo de privados de la libertad.

¿Qué actividades están llevando a cabo?
Las primeras actividades que se desarrollaron en el Centro son los talleres y cursos impulsados por la Secretaría de Extensión de la UNSAM. A ellos, desde fines de abril, se les ha sumado la primera carrera universitaria. A cargo del IDAES (Instituto de Altos Estudios Sociales) comenzó, a fines de abril, el dictado de la carrera de Sociología a la que concurren, y este es un dato destacable, un grupo de estudiantes compuesto tanto por privados de libertad como por personal de la Penitenciaría.

¿Qué tienen proyectado hacer?
Por un lado hay que continuar haciendo crecer la biblioteca y mejorar las salas de lectura y de computación. Por otro lado tenemos que consolidar la carrera de sociología y animarnos a abrir alguna tecnicatura con salida laboral orientada. Para ello nos parece oportuno en esta etapa, invitar a las Escuelas e Institutos de nuestra Universidad a conocer el Centro y a sumarse con sus propuestas.
De todos modos la tarea principal sigue siendo la misma, conformar una comunidad. Con entusiasmo y humildad, ya que tenemos que aprender, todos mucho cada día, queremos ir dándole forma, en un contexto de encierro, a una comunidad universitaria abierta a la totalidad de sus prácticas, sus obligaciones y derechos.

El educando tras las rejas
Se abre la puerta del salón y los docentes de la Universidad de San Martín comienzan con sus clases. Los estudiantes, unos cuarenta, que se reparten entre presos y guardias de la penitenciaría, escuchan atentamente.

Gustavo Manuel Segovia, uno de los reclusos, o “privado de la libertad”, como prefiere ser llamado, y presidente del Centro Cultural Azucena Villaflor y cogestor del CUSAM, considera que por lo general “las cárceles devuelven a la sociedad una imagen tal que muchos prefieren no verla”.

Además, recalcó que “en estos lugares donde se siembra mucha injusticia y rencor, nosotros, haciendo experiencia de los años de encierro, nos propusimos conformar una comunidad dispuesta a crecer mediante la no violencia, la responsabilidad y el diálogo”.

Segovia explicó por qué se encaramó en el proyecto: “dispuesto a enfrentar a todo lo que conspire en su contra, cuando uno se propone realizar algo en la vida lo hace con la convicción y la esperanza de lograrlo, por más que uno cobije la certeza de que en la vida muchos se confabulan contra nuestro proyecto. Con esta actitud fuimos dándole inicio a la concreción de un ideal que tiene como objetivo principal la educación en contexto de encierro.”