"Enseñar exige comprender que la educación es una forma de intervención en el mundo" - (Paulo Freire)
"Cátedra Libre Educárcel": La Universidad tras las Rejas: una mirada sobre el Programa Universidad en la Cárcel*
Ultima actualización 9 de febrero de 2012.

miércoles, 16 de junio de 2010

La Universidad tras las Rejas: una mirada sobre el Programa Universidad en la Cárcel*


Magdalena Brocca*

Al establecer la misión de la Universidad Nacional de Córdoba, los Estatutos definen un tipo de universidad de características particulares como es una universidad pública. Quizá el hablar de "la educación plena de la persona humana", de "el elevado y libre desarrollo de la cultura y la efectiva integración del hombre en su comunidad, dentro de un régimen de autonomía y de convivencia democrática entre profesores, estudiantes y graduados" o de "la difusión del saber superior entre todas las capas de la población", puede sonar como declaraciones de principios alejados de la práctica universitaria concreta.
Este ensayo parte de la convicción de que la Universidad Pública es un espacio que se abre y se construye con el trabajo y el compromiso de todos los que formamos parte de ella. Esta construcción necesita de la participación activa de todos los actores involucrados y se plantea, inicialmente, como un desafío. El desafío planteado es, precisamente, que estas ideas alcancen su realización plena en nuestra práctica cotidiana y no queden en un nivel de meras declaraciones.
Quisiera plantear aquí algunas reflexiones acerca de lo que ha significado la implementación del Programa Universitario en la Cárcel por parte de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba. Este programa ha supuesto la creación de un espacio nuevo que surge en el entrecruzamiento de estas dos instituciones. Este nuevo espacio se abre como ámbito de intervención concreta, pero también como objeto de estudio. Un objeto que se va construyendo día a día en el trabajo de todos los actores involucrados y comprometidos con su desarrollo (docentes, estudiantes, personal del Servicio Penitenciario). Para comenzar quisiera plantear algunas cuestiones con relación a una de las dos instituciones que conforman este espacio: La cárcel, sus finalidades y usos concretos.

La cárcel y sus fines

A lo largo de la historia han habido diferentes intentos de legitimar la acción punitiva estatal: la expiación, la retribución, la prevención (tanto general como especial), entre otras. Sin embargo, ninguna de estas concepciones logró dar cuenta de porqué el Estado se reservaba para sí la capacidad de juzgar y castigar ciertas conductas y personas.
En el marco de la consolidación del estado liberal, el derecho penal y su sistema punitivo, fundamentalmente la cárcel, fueron defendidos como un baluarte democrático del orden social interior. Frente a un sistema social sin garantías jurídicas y a un orden político tiránico, el sistema penal moderno suponía un cambio cualitativo ya que pretendía adecuar de manera racional los castigos a la gravedad de los delitos, medidos por las leyes emanadas de la voluntad general.
Para el pensamiento marxista, por el contrario, la cárcel representa uno de los instrumentos que utiliza la burguesía para asegurar su dominación a través de la fuerza y la violencia. La cárcel lejos de mostrar la igualdad de todos los hombres ante la ley, contribuye a la división de la sociedad y refuerza la ficción de que las leyes coinciden con la justicia. En esta perspectiva, el libro de George Rusche y Otto Kirschheimer, Pena y Estructura Social, rompe con las teorías que sostienen que la penalidad es, ante todo, una manera de reprimir los delitos y que la consideran exclusivamente desde un punto de vista jurídico. Estos autores –representantes de la Escuela de Frankfurt- sostienen que la cárcel, lejos de ser un instrumento de la justicia, está al servicio de un sistema social caracterizado, desde el punto de vista productivo, por las relaciones de explotación y, desde el punto de vista político, por el despliegue de diversas formas de dominación.
A partir de los años sesenta –con trabajos como los de Goffman, Foucault, o, más recientemente, Wacquant- diversas investigaciones han contribuido a demostrar que la cárcel no sirve para lo que las teorías demoliberales de la penalidad dicen que sirve, y a develar los efectos que tiene sobre los sujetos y sobre las relaciones sociales de dominación.

La cárcel es una construcción social

La discusión acerca de la cárcel adquiere cada vez mas intensidad entre los juristas y los sociólogos. En el marco de la crisis a nivel mundial del Estado de Bienestar se ha puesto en el centro del debate un tema que las teorías críticas de la penalidad han señalado hace años y que hoy resulta innegable: la selectividad del sistema penitenciario. Como expresa Fernando Alvarez Uría, "las sociologías críticas del sistema penitenciario han contribuido a mostrar que, lejos de estar al servicio de la justicia, esos recintos cerrados, al igual que las mazmorras del Antiguo Régimen, no sirven en realidad para combatir el delito sino para castigar la pobreza."
Pero no basta con imputar al sistema penal de selectivo y discrecional –aunque, sin duda, hay que repetirlo y denunciar este hecho- resulta indispensable hoy avanzar en el sentido de desentrañar y hacer visible en el debate público el ejercicio del poder que, a través del sistema judicial, sostiene o, mejor dicho, aporta al sostenimiento de determinadas expresiones del orden social dominante y no de otras.
La existencia y el sentido de la cárcel suele naturalizarse y así se llega a pensar que ha existido siempre y esto, me parece necesario resaltarlo, no es así. La cárcel tiene su origen hace sólo 200 años en el marco de determinados procesos socio-históricos y como parte de un proyecto más amplio que la comprende: el ascenso de la burguesía y el surgimiento del capitalismo. Para la consolidación del orden capitalista la gestión del conflicto social, producido a partir del quiebre del sistema feudal y el advenimiento de la revolución industrial, se presentaba como una necesidad política para la burguesía.
Es en este marco que creo que la cárcel debe ser considerada como una construcción social, es decir, como el producto de diversas estrategias que desde lo político y desde lo social han concebido al poder punitivo del Estado como una de las formas de control de unos sobre otros: "Sus diferentes expresiones en su desarrollo histórico responden, sin duda, a las formas de articulación entre lo político, lo social, lo económico y lo cultural"
En la década de los `80, se dieron importantes cambios en el seno del sistema capitalista mundial: las políticas sociales cedieron a favor de los ajustes, los espacios públicos y los servicios comenzaron un proceso de privatización, la sociedad dual se profundizó con la concentración de la riqueza y la expansión de la miseria. Los sin techo, el hambre y el desempleo aparecen como los nuevos rostros de la marginalidad. El problema parece haberse desplazado desde la gestión de la pobreza hacia cómo convivir con la exclusión. En este escenario parece difícil vislumbrar un horizonte desde el cual se diseñen políticas de integración social, en lugar de esto pueden observarse estrategias de gobernabilidad para contener y segregar a aquellos que sobran; "Más aún, un Estado que ha renunciado a lo social, que su retiro se ha dado especialmente en el campo de la promoción de derechos aumentando de esta manera el campo de las necesidades, en los últimos diez años ha asumido un protagonismo "sospechoso" en el campo de la seguridad."
Como señala Loïc Wacquant,


"un Estado keynesiano vector de solidaridad, cuya misión era contrarrestar los ciclos y los perjuicios del mercado, asegurar el "bienestar" colectivo y reducir las desigualdades, es sucedido por un Estado darwinista, que eleva la competencia al carácter de fetiche y celebra la responsabilidad individual, cuya contrapartida es la irresponsabilidad colectiva, y que se repliega a sus funciones residuales de mantenimiento del orden.
"Así, pues, la utilidad del aparato penal en la era poskeynesiana del empleo inseguro es triple: sirve para disciplinar a los sectores de la clase obrera reacios al nuevo trabajo asalariado precario en los servicios; neutraliza y excluye a sus elementos más disociadores o a los que se consideran superfluos con respecto a las mutaciones de la oferta de empleos, y reafirma la autoridad del Estado en el dominio restringido que en lo sucesivo le corresponde."

Las promesas de la cárcel

El discurso social se materializa en las instituciones, que se definen por sus fines: promesas de satisfacción de determinadas necesidades de una sociedad. La cárcel, como institución social, se construye a sí misma sobre un discurso de resocialización, reeducación y readaptación de las poblaciones calificadas como peligrosas.
El discurso criminológico lleva dos siglos repitiendo las intenciones humanistas de resocialización y regeneración del preso que tiene la pena de privación de la libertad y comprobando, con cada experiencia, su fracaso: lejos de mejorar, los delincuentes reinciden.
Eugenio Zaffaroni señala cuatro características estructurales de los sistemas penales que son: su selectividad conforme a estereotipo, su violencia, su corrupción y su efecto reproductor de violencia. Estas características estructurales harían imposible la realización de las aspiraciones humanistas de la cárcel; es por esta razón que el autor califica a lo que él denomina "las ideologías re" como absurdos a la luz de lo sucedido en los dos siglos de aplicación de estas ideologías en los sistemas penitenciarios de occidente. Constituyen absurdos porque


"Si la institucionalización total genera condicionamientos negativos que deterioran a las personas institucionalizadas y además, por mucho que mejoremos las instituciones, jamás podremos suprimir totalmente estos condicionamientos y sus efectos deteriorantes, la institucionalización jamás podrá tener un efecto resocializador", dice Zaffaroni.

¿Qué significa estar preso?

La problemática de la población en condición de privación de la libertad es un campo de estudio al que no siempre se le presta suficiente atención y que presenta ciertas particularidades que colaboran para convertirlo en un objeto complejo para su abordaje teórico.
En primer lugar tenemos la particularidad de que las personas que se encuentran en esa condición lo están por haber realizado un acto que la ley califica como "delito". Este hecho nos pone frente a la realidad de que la cuestión del delito tiene un trasfondo político muy fuerte y que merecería un estudio histórico-político por sí mismo ya que "En los orígenes de la racionalidad penal moderna la relación punitiva se ha construido en base a un a priori político: el contrato social; de allí que los delitos y las penas, en tanto elementos centrales de la misma, no fueran asumidos como naturales, sino como artificios en tanto productos de una convención. La ley penal, producto del pacto social, define lo que es delito y todas aquellas conductas que no son calificadas de tales resultan permitidas –de allí el principio de legalidad como articulador del derecho penal liberal. La ley penal varía en el tiempo y en el espacio y con ello la consideración de lo que el delito es."
A esto se suma que el tema del delito es tratado muchas veces como una categoría moral, sin considerar su artificialidad jurídica y política. Si bien no me centraré en el análisis de lo que significa hoy en la Argentina "delito", ni de los a prioris políticos en que se basa esta definición, sí me interesa explicitar esta artificialidad para desmontar la naturalización que se produce en el discurso social sobre el delito como categoría moral –y no siempre jurídica- y la estigmatización del delincuente como tal. Como señala Raúl Salinas, "Es central asumir que el principal problema que tiene una persona que ve restringida su libertad ambulatoria es que está presa; no se trata de un enfermo ni de un pecador."
Alcira Daroqui, afirma, y coincido con ella, que la cárcel "Se funda en la privación de la libertad y se construye sobre tres pilares fundamentales, el aislamiento como desterritorialización y reterritorialización en un nuevo espacio, el espacio panóptico, y en un tiempo que será instrumento de modulación de la pena." A través de estos elementos se construye toda una maquinaria penitenciaria, que tiene por finalidad la vigilancia y el castigo, esto es "hacer funcionar dispositivos disciplinarios con el propósito de construir sujetos dóciles, o aún más, transformar al "sujeto delincuente" en "objeto de intervención penitenciaria".

Educación ¿Adaptación o Resistencia?

En este trabajo me referiré a la experiencia del Programa Universidad en la Cárcel de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba. Para ello tomaré en cuenta, entre otras cosas, los relatos de los propios alumnos internos en el Establecimiento Penitenciario Nº 2 (Varones, adultos, condenados) acerca de su experiencia universitaria, recogidos en encuentros de trabajo y discusión en el año 2003.
Para enmarcar estas reflexiones quisiera comenzar con algunas consideraciones acerca de la finalidad que se persigue en la ejecución penal y sobre el lugar de la educación en el marco del tratamiento penitenciario.
En primer lugar debemos apuntar que por mandato constitucional, a partir de la incorporación del pacto de San José de Costa Rica en nuestra Constitución, el fin de la ejecución de la pena privativa de la libertad es la reforma y la readaptación de los condenados. Este mandato es recogido por la ley Nacional 24660 y por las leyes provinciales 8812 y 8878 y sus decretos reglamentarios que regulan la materia de ejecución de la pena.
No es mi intención aquí analizar la normativa vigente, simplemente me interesa señalar que esta finalidad de reinserción social, según las leyes mencionadas, se realiza a través de un tratamiento individualizado y técnico que busca conseguir que el interno adquiera comprensión y respeto por la ley.
Es decir que el fin último de la pena privativa de la libertad es la reintegración social del condenado. Es claro que la idea misma de reintegración, reinserción, resocialización, reeducación, readaptación es por sí bastante discutible. De hecho ha sido y es hoy fuertemente criticada tanto desde la izquierda como desde la derecha, pero no es este el tema del presente trabajo.
En todo caso podemos preguntarnos qué significa hoy resocializar teniendo en cuenta las terribles condiciones en que se encuentran nuestras cárceles. En este punto coincido plenamente con Salinas cuando afirma que "Reintegración es contar con políticas activas que tiendan a morigerar el problema central de los reclusos: la restricción de la libertad; es mitigar los efectos negativos y des-socializadores que genera el encierro. El eje aquí no pasa por resocializar a través de la cárcel sino en procurar que la persona pueda reintegrarse al medio libre en una mejor condición, aún pese a la cárcel. Se trata de colaborar con la persona en la construcción de una ciudadanía para la democracia."
Para el tratamiento penitenciario, el trabajo y la educación no son reconocidos, en ningún momento y bajo ninguna circunstancia, como derechos de los reclusos, sino que son instrumentos de moralización y normalización y, sobre todo, campos donde someter la conducta del penado a observación a los fines de evaluar los niveles de adaptación o resistencia a los cánones establecidos institucionalmente.
La educación en la cárcel tiene un mandato explícito que cumplir expresado en el Art. 134 de la Ley 24.660 que dice así: "La enseñanza será preponderantemente formativa, procurando que el interno comprenda sus deberes y las normas que regulan la convivencia en sociedad."
Es en este punto donde cobra importancia la pregunta por la educación en las cárceles y, en particular, la educación universitaria. ¿Por qué hago esta diferenciación entre la educación en general y la educación universitaria en particular? Porque creo que hay una diferencia muy grande en el contexto de la cárcel. La educación básica está incorporada al régimen y al tratamiento penitenciario, y es impartida en gran medida por maestros que dependen del Servicio Penitenciario Provincial, asimilados a la estructura jerárquica de la institución; que realizan informes individualizados de cada interno y que participan activamente del consejo criminológico que decide la progresividad en el régimen penitenciario. La educación universitaria, en cambio, es impartida por docentes universitarios que responden a otra lógica institucional, lo que permite establecer una relación diferente.

El Programa Universidad en la Cárcel

Llegamos así al tema que quería plantear: el de la educación universitaria en la cárcel. En Córdoba el Programa Universidad en la Cárcel (PUC) de la Facultad de Filosofía y Humanidades (FFyH) está establecido en base a un convenio de cooperación entre el Ministerio de Justicia de la Provincia y la FFyH que fue firmado a finales del año 1999.
Es importante señalar que la firma de un convenio y la puesta en marcha del programa no nos da ninguna garantía de continuidad, ya que este espacio universitario en la cárcel fue y es un espacio en construcción permanente. Y esta idea de construcción permanente es la que siempre tendrá que regir el desarrollo de la experiencia ya que nos permite asumir las particularidades de cada una de las instituciones y atender a los actores involucrados en tanto sujetos de acción, que se relacionan permanentemente en una relación de fuerzas que, por sus características, produce resistencias, concesiones e imposiciones.
El principio rector de este programa es el reconocimiento de que aprender y expresarse, son derechos universales e inalienables y de que la Universidad pública está obligada a garantizar la posibilidad de su ejercicio. Así la Universidad ingresa a la cárcel reconociendo sujetos portadores de estos derechos.
Esto, que a simple vista parece ser una cosa obvia, es lo que ha generado una ruptura muy grande en la cotidianeidad penitenciaria. Según lo indican los propios estudiantes, la ruptura del PUC con el sistema ha sido la igualdad, esta igualdad que se expresa en el ejercicio de un derecho que permite reconocerse nuevamente como sujeto y como ciudadano.
Creo que a esta altura ya resulta evidente la contradicción entre el objetivo principal de nuestro programa, que es garantizar a presos y presas el ejercicio del derecho a estudiar, construyendo un espacio de libertad al interior de la cárcel, guiado por los principios básicos de la universidad pública que tiene entre sus pilares fundamentales la participación democrática, el respeto al disenso, la igualdad de oportunidades y la libertad de expresión; y el objetivo explícito de la política penitenciaria en cuanto considera a la educación como instrumento de corrección y moralización.
Quisiera destacar que esta experiencia educativa va mucho más allá de la propuesta académica ya que permite resignificar el tiempo y el espacio carcelario y, al mismo tiempo, producir una ruptura en la estrategia de aislamiento; los tres pilares básicos de la tecnología penitenciaria.
Si bien el Programa Universitario en la Cárcel en Córdoba tiene pocos años de existencia, creo que ya es posible observar sus efectos concretos aunque limitados aún. En esto quisiera tomar las palabras de una docente del programa UBA XXII que señala que "El ingreso de la universidad a la cárcel ha sido y deberá seguir siendo una alternativa para garantizar el pleno ejercicio del derecho al estudio, instalando prácticas y discursos que recuperen en el acceso al conocimiento, al debate, al intercambio y a la formación académica como verdaderas herramientas posibilitadoras para la construcción del pensamiento crítico."
Pero esta no es la única ruptura con la lógica penitenciaria del encierro que posibilita la experiencia del trabajo universitario en la cárcel. También significa la irrupción del afuera en el interior de los muros de la prisión. Y esto no es algo menor. Creo que una de las causas para que la cárcel funcione hoy con su lógica de aislamiento y sus efectos des-socializadores es, precisamente, la ausencia de este afuera en el interior. En el caso de nuestros estudiantes ese es uno de los reclamos mas fuertes: que la sociedad conozca y se haga cargo de la realidad que se vive en el interior de la cárcel.
Por supuesto que queda mucho por hacer. Es necesario definir el sentido político del ingreso de la Universidad en la cárcel en cuanto supone un avance sistemático en la producción de una grieta en los muros de la prisión que se sostiene en el reconocimiento de los presos y presas como sujetos de derecho, y en el reconocimiento efectivo de que entre sus derechos fundamentales se encuentran los de la asistencia de su salud, a trabajar, a vincularse con sus afectos y a estudiar.
En conclusión existen dos maneras de pensar la educación en las cárceles. Una es pensarla como un instrumento de producción de sujetos dóciles, adaptados y adecuados para insertarse en el sistema. Esta visión supone la consideración de los presos y presas como objetos de intervención y de la educación como un instrumento terapéutico dentro de la tecnología penitenciaria.
La otra manera es pensar la educación como un derecho. Esta visión supone la consideración de los presos y presas como sujetos de derecho, activos y autónomos. Además supone la convicción de que la educación puede facilitar la construcción de un espacio de resistencia a los efectos del encierro. También supone quebrar el círculo de marginación- exclusión de los sujetos que caen en las redes del sistema penal.
A modo de conclusión

Quisiera puntualizar algunas cuestiones antes de terminar:
    1. La cárcel es un hecho de la realidad. Sin lugar a dudas debe ser modificado, sin embargo, en las condiciones en que existe hoy, reclama acciones urgentes que, sin caer en el asistencialismo, ofrezcan alternativas dentro de semejante maquinaria de aislamiento.
    2. La cárcel es un hecho de poder, autoritario por definición, y como tal no necesita de demasiados consensos para legitimarse. Las acciones que permitan modificar las condiciones de vida de quienes están enjaulados y contribuyan a deslegitimar los abusos que se cometen día a día, merecen ser llevadas adelante.
    3. Hasta tanto seamos capaces de pensar en una alternativa a esta maquina picadora de carne, es imprescindible que inundemos las cárceles con actividades y personas del exterior que permitan ensanchar las grietas en los muros y, así, posibilitar la resistencia a sus efectos sobre los sujetos.
    4. Dado que hoy es imposible pensar en derribar los muros de la prisión, es conveniente que construyamos puentes de ida y vuelta que comuniquen el interior con el exterior y que permitan la toma de conciencia de la realidad inhumana y, muchas veces humillante, que día a día viven los sujetos atrapados en sus redes.
El ingreso de la Universidad en la cárcel constituye una apuesta en este sentido y por esto, creo yo, debe ser asumida como una tarea primordial por la universidad y debe ser profundizada. Como señala Raúl Salinas, refiriéndose al programa UBA XXII, "Sembrar la experiencia universitaria en la cárcel es sobre todo quebrar el círculo de marginalidad y desigualdad, que muchas veces involucra a las personas privadas de la libertad y genera espacios de emancipación."
Quisiera concluir con las palabras de dos alumnos universitarios alojados en la Penitenciaría de la ciudad de Córdoba y, de esta forma expresar un reconocimiento especial a los estudiantes y docentes del PUC, y a todos aquellos que día a día con su trabajo dotan de sentido a este espacio y son los que concretamente están generando esta fisura en los muros de la prisión.
El primero que quiero citar es Juan, quien se refiere a lo que puede significar la educación en general adentro de la cárcel:
"La educación es un cambio. Si vos analizás el nivel delictivo acá adentro, es pobre. La cárcel es la sucursal de las villas. Entonces, ¿quién es la persona que vive en la villa? La persona que está en la villa es un tipo que no tuvo oportunidades –es el grueso de la cárcel- un chico que no tuvo oportunidades, (...) esa es la realidad de la cárcel. Entonces, vos a ese tipo dale educación y le estás dando herramientas."
El segundo es Alberto, quien hace referencia a la educación Universitaria en particular y a lo que significa ser un estudiante universitario:
"El ingreso a la Universidad no es que te dignifica, si no que te hace revivir la dignidad de una manera diferente... Es como que te hace recordar que vos no dejaste de ser persona, que sólo te equivocaste... y que te vuelve a retribuir esos derechos sociales que el sistema no te los permite... cómo explicar..., ejercer."

BIBLIOGRAFÍA

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  • DAROQUI, Alcira Victoria (2002) La cárcel del Presente, su "sentido" como práctica de secuestro institucional. Trabajo Presentado a las Jornadas: Violencias, delitos y justicias en perspectiva histórica: Argentina, siglos XIX y XX.




  • LO VUOLO, Ruben et al. La Pobreza... de la Política contra la Pobreza, Niño y Davila Editores.




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  • SALINAS, Raul. El Trabajo y el Estudio como Elementos de Resocialización. Trabajo publicado en el sitio web del INECIP



  • www.inecip.org consultado el 15 de Septiembre de 2003.
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