"Enseñar exige comprender que la educación es una forma de intervención en el mundo" - (Paulo Freire)
"Cátedra Libre Educárcel": 2011
Ultima actualización 9 de febrero de 2012.

lunes, 4 de julio de 2011

Un grupo de presos tradujo al Braille folleterías sanitaria

 
Un proyecto de la UNLP
Son estudiantes detenidos de la Unidad Penal 28 de Magdalena
04.07.2011 
 
El doctor Adolfo Brook en la entrega de diplomas

Un grupo de procesados de la Unidad Penal 28 de Magdalena tradujo al Braille parte de la folletería de la Dirección de Salud de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). La inédita iniciativa, propiciada por el Programa de Estudiantes Privados de Libertad de esa casa de estudios,  busca promover la reinserción social de los detenidos y, al mismo tiempo, ofrecer una herramienta accesible para todos los ciegos y disminuidos visuales que forman parte de la comunidad universitaria.

El Programa se puso en marcha en 2009 dentro del Departamento de Atención Social, dependiente de la Dirección de Salud de la UNLP. El objetivo es generar los mecanismos necesarios para garantizar el ingreso y la permanencia en la UNLP de todos los estudiantes que actualmente se encuentran detenidos.


Por el trabajo y el contacto permanente con los estudiantes privados de la libertad, surgió la vinculación con Flavio, un estudiante que aprendió Braille estando detenido y propuso aportar sus conocimientos a la Universidad.


Actualmente enseña el sistema de lectura y escritura táctil a dos compañeros de encierro. Con ellos continuará traduciendo documentos de la Dirección de Salud de utilidad para los discapacitados visuales, con información indispensable sobre HIV y Dengue, entre otros temas.


Según explicaron los responsables del Programa, el objetivo es continuar y extender esta iniciativa para sumar no sólo a otros internos del penal, sino también incorporar a otras unidades penitenciarias de la región a la iniciativa.


Desde el área de Salud de la UNLP se elaboran diferentes folletos y piezas gráficas con toda la información de los servicios de salud y de consultorías que la Universidad ofrece a sus alumnos, docentes y trabajadores. El objetivo de máxima es que todos ellos sean traducidos al Braille.


El proyecto tuvo si corolario la semana pasada, cuando el director de Salud de la UNLP, Adolfo Brook, entregó los diplomas de agradecimiento a los procesados que participaron del proyecto.
Alumnos tras las rejas. La UNLP cuenta con cerca de 600 estudiantes que están detenidos en las distintas unidades del Servicio Penitenciario Bonaerense. De todas las carreras que se ofrecen en las cárceles, la más elegida es la de Derecho que, por sus características académicas, permite rendir libre casi todas las materias de su currícula. Se facilita así la regularidad a los estudiantes que se encuentran cumpliendo una condena.

Por otra parte, a lo largo de los años, se han realizado distintas actividades de extensión y capacitación en unidades penitenciarias. Para el Brook, el director de Salud de la UNLP, “estas iniciativas tienen como objetivo facilitar la reinserción social de las personas que han cometido delitos, porque la educación es una herramienta fundamental para abandonar la delincuencia”.


El funcionario argumentó que ello está sustentado en las estadísticas: “Así lo demuestra la bajísima reincidencia de quienes han podido adoptar una profesión o un oficio mientras se encontraban cumpliendo una condena penal”.

sábado, 28 de mayo de 2011

Inauguraron en Cacheuta AlmafuerteTV, el primer canal producido en una prisión Es la primera experiencia en todo el país. Los internos tienen dos estudios de grabación. El arrastre cumbiero, Viajeros y Noti Zero son algunos de los envíos que idearon los presos.

Fuente: Diario Uno (Mendoza)  - 27 de mayo de 2011

Juliana Argañaraz
jarga@diariouno.net.ar

“Le da sentido a mi vida porque tenía el ánimo bajo, la moral mal, y ahora estoy mejor, como resurgido”. Este testimonio de un interno de Almafuerte resume en pocas palabras lo que significa para ellos el canal de televisión comunitaria que este jueves se inauguró en Cacheuta.
Televisión Comunitaria Almafuerte, o AlmafuerTV, como se denominó, se trasmite por el canal 3 en un radio de 2 kilómetros, por lo que sólo puede verse en las instalaciones del penal y sus contenidos están realizados en su mayoría por los mismos internos.
“Momentos de la Historia”, “El arrastre cumbiero”, “Viajeros” y “Noti Zero” son algunos de los títulos con que los presos han bautizado a sus proyectos, que nacieron dentro del penal hace más de un año y que de a poco fueron grabando y almacenando a la espera de este momento: poder trasmitir para que los demás presos los vean.
“Hoy es un gran día para nosotros, vemos concretado un sueño. Por fin se da este proyecto que nos ha costado mucho, es una felicidad enorme”, expresó Rubén, apodado “El Águila”, un interno que se desempeña como operador de canal, que es el primero de Argentina.
Los participantes comenzaron con sus tareas en una pequeña sala y de a poco consiguieron dos estudios de grabación donde elaboran todos los contenidos del canal, desde la música de los programas hasta la escenografía, valiéndose de materiales que reúnen para esos fines como maderas, cartones, témperas y aerosoles.
En la inauguración de los nuevos estudios estuvo presente el ministro de Gobierno, Félix González, el director general del Servicio Penitenciario de Mendoza, Sebastián Sarmiento, y el nuevo titular de Almafuerte, Carlos Vilches.
“Hay que evitar que estos temas se traten como políticas partidarias y se les dé continuidad para hacer un sistema penitenciario mucho mejor cada día, no sólo con mejoras edilicias sino también en las relaciones humanas”, manifestó González.
Por su parte, Ana Escobar, subjefa de educación del penal de Almafuerte, explicó que “la participación comunitaria, la difusión de contenidos locales y la comunicación de campañas de concientización sobre la salud, educación y medioambiente con algunos de los objetivos de esta señal de televisión comunitaria”.
Avances en el sistema penitenciario
Sebastián Sarmiento anunció que habrá otras dos novedades este año. Primero, que dentro de unos 15 días comenzarán a aplicarse las pulseras de localización para delincuentes con arresto domiciliario, que son unos 250 en Mendoza, especialmente mujeres. Segundo, que para julio se pondrá en marcha la escuela de penitenciarios.
Sobre las pulseras, el funcionario destacó que “es un sistema novedoso, implica una primera etapa de 100 pulseras de control geo-referencial para que podamos determinar su ubicación. El control lo hace el servicio penitenciario. La pulsera funciona como un celular que cuando sale de ámbito donde corresponde, hace un llamado automático al 911. Además tiene un sistema de seguimiento GPS por si se cae la señal de celular”.
El proceso está en etapa de preadjudicación, “estamos esperando el dictamen de la junta que se dedica a este tema para la adjudicación”, dijo Sarmiento. “Es un buen aporte a la seguridad y tenemos la opción y el plan de aumentar año a año la cantidad de pulseras y que la justicia se vaya adaptando y a la utilización de este sistema”.
Además, el director del Servicio Penitenciario anunció la puesta en marcha de la escuela de penitenciarios. “Para el 16 de julio pensamos inaugurar nuestro propio centro de formación diferenciado de la policía”.
“Dará una formación diferente, muy particular y que dará un aporte muy importante a la capacitación y formación del personal penitenciario”, concluyó.

El penal Almafuerte es el primero con canal de TV propio

Fuente: Los Andes Digital  - 27 de mayo de 2011

Los internos de la cárcel de Cacheuta graban programas que abarcan temáticas como historia, geografía, biología, ciencia y tecnología. Buscan facilitar la expresión de los detenidos.

Ayer se realizó la primera emisión de televisión en contexto de encierro de todo el país y la segunda en Latinoamérica. Los contenidos grabados por los mismos internos del penal Almafuerte tienen como objetivo fomentar temáticas educativas, sociales, históricas y crear un ámbito de expresión.

El proyecto de TV comunitaria en contexto de encierro comenzó a implementarse a partir de hoy en la cárcel de Cacheuta y forma parte de una política educativa que tiene como objetivo brindar a los presos la posibilidad de expresarse y al mismo tiempo crear un espacio donde puedan difundir las actividades propias del penal.


Los programas constan de contenidos relacionados con historia, geografía, biología, ciencia y tecnología. Además, a través de programas multimedia se realizarán talleres didácticos sobre música, cine, carpintería, herrería y electricidad domiciliaria.


En el acto inaugural, que se realizó ayer por la tarde en las instalaciones del penal y que contó con la presencia de representantes del Ejecutivo provincial, los encargados del área educativa, Ana Escobar y Marcelo Lavizzari comentaron que se realizarán noticieros grabados, programas de fútbol y de debates.


En las emisiones se abordarán diversas temáticas tanto profesionales relacionadas a la salud, psicología y trabajo social como internos.


El programa de televisión comunitaria se suma a la revista “Fuertes de Alma” que ya escriben los detenidos y la radio escuela “Aires de Cacheuta”, donde se difunden además los talleres laborales que se realizan y se incentiva a los internos para que finalicen sus estudios escolares.

El ministro de Gobierno, Justicia y Derechos Humanos, Félix González, expresó su alegría y dijo estar interesado en este tipo de proyectos que “brindan a los internos la posibilidad de construir su vida. Este tipo de acciones ayuda a la interrelación entre toda la comunidad penitenciaria”.

Por su parte, el director del Servicio Penitenciario, Sebastián Sarmiento, agregó: “Para nosotros el gran desafío es fortalecer dos pilares fundamentales: la educación y el trabajo. Este tipo de actividades no sólo disminuyen la violencia sino que además les brinda a los internos la posibilidad de expresarse, aprehender conocimientos de una manera lúdica y adquirir herramientas que les serán útiles una vez en libertad”.

martes, 26 de abril de 2011

La otra vida en la cárcel

Fuente: "El Argentino"

Yoga, técnicas de respiración, poesía, talleres laborales y deportes son parte de la cotidianidad de miles de presos que buscan llevar mejor su encierro en los penales bonaerenses y vislumbrar un futuro posible.
Por Mariana Merlo y Daniela Rossi.

Si los portones no tuvieran candados, nadie notaría la diferencia. Si no hubiera que atravesar todas esas rejas que unen los muros, esos que ocultan los pocos árboles de los alrededores, si no se respirara ese olor indescriptible que funciona como denominador común de una unidad a otra y que delata las transgresiones de esos reclusos, difícilmente se diría que son presos. Actuaron alguna vez por fuera de la ley, y la justicia los condenó a pagar por su delito, pero ellos aseguran que se sienten libres. ¿Cómo? ¿De qué manera estos hombres y mujeres logran abstraerse de todo eso? Encontrándose a sí mismos.


Aun cuando las denuncias de hacinamiento y violencia en las prisiones aparecen en las páginas de “Policiales” de los diarios, y las noticias de reincidentes destruyen cualquier ilusión de recuperación posible, hay una porción de la población carcelaria que mantiene la esperanza de un futuro mejor. Semana a semana trabajan con ellos voluntarios de diferentes ámbitos para darle sentido a esa frase que habla de procurar la “adecuada reinserción social”. Talleres de literatura, periodismo, teatro, inserción laboral, la práctica de deportes y meditación, son algunos ejemplos de actividades que los internos realizan para vivir su encierro con mayor esperanza y vislumbrar un futuro posible.


EL AHORA. Sentado en el piso de una de las aulas de la escuela que funciona en la Unidad 48 de San Martín, Sebastián espera de piernas cruzadas y brazos extendidos improvisando lo que intenta ser la posición de loto. Sus 110 kilos le juegan en contra, pero su ímpetu por mejorar lo alientan a intentarlo. Reina el silencio aunque otros compañeros ya están ahí a la espera de Ismael, el instructor. El grupo es reducido, pero es sólo una parte de la cantidad de internos que sigue los cursos de la Fundación El Arte de Vivir. Podrá ser por la confianza que ya tienen entre ellos, o el cariño que le guardan a Ismael –“se mete en la cárcel, nos busca pabellón por pabellón, las ganas que le pone son increíbles”, dicen–, que el ambiente es relajado y hasta casi infantil. Y así como por un momento uno se olvida de que esos hombres cometieron delitos graves, ellos también. “Después de hacer las prácticas todos los días, no me siento más preso. Problemas hay siempre, pero esto te ayuda a enfrentarlos con otro ánimo”, confiesa Ezequiel. “Estás con más energías, con ganas de hacer cosas, no estás bajoneado. Acá adentro las 24 horas son depresión. Pero yo me siento libre”. Un coro de “sí, es verdad”, se escucha de parte del resto de sus compañeros.


Instalarse en el momento y dejar de lado el pasado y el futuro les permite vivir un mejor presente alejados de la violencia, las agresiones y otras actitudes negativas para pensar en una posible reinserción. “Es como salir de acá, más allá de que uno vive en un ambiente hostil. Es un autocontrol. Antes reaccionaba de mala manera ante algunas provocaciones, pegaba o respondía mal, y ahora ni contesto”, reconoce Pablo.


Desde la Unidad 1 de la cárcel de Olmos, la visita de la maestra espiritual australiana Isha hace dos años dio comienzo a que su sistema fuera aplicado en otras unidades. “Que estos hombres estén abiertos a escuchar a esta mujer gringa me muestra que quieren cambiar; todos queremos eso y tener esperanza de un futuro”, explicó la gurú. Mariano, un interno que lleva una década en Olmos, confiesa: “Necesitamos que el lema sea que se puede, que luchemos, que está en nosotros la decisión de mejorar. Está bueno que nos enseñen que la respuesta no la vamos a encontrar afuera sino dentro nuestro”. Él y un grupo de internos traducen textos, juegos de mesa y otros elementos al lenguaje Braille. “Me hace sentir útil como persona”, admite.


Según explica Maitreya, uno de los maestros de Isha, “es una técnica en la que se utiliza la mente, pero no tienes que ponerla en blanco para que funcione. El principal beneficio de practicarlo es estar en el momento presente, tener la experiencia del aquí y ahora, y cuando te das cuenta de eso entiendes que el miedo está basado en el futuro o el pasado. En el aquí comprendes que las cosas pueden mejorar”.


RESURRECCIÓN. Esa filosofía que influye en su día a día y que apacigua a unos e inspira a otros, convierte al silencio en expresión y a la soledad en su musa inspiradora. “La imaginación es una forma de libertad y más allá de que nos encontremos privados de algunas cosas, nuestra mente siempre está en libertad”, sostiene Diego, uno de los participantes del taller de literatura que funciona en la Unidad Penitenciaria Nº 23 de Florencio Varela. Gracias a la iniciativa de Alberto Sarlo, abogado y autor de “Pura Vida”, editado por Eloísa Cartonera, los reclusos tomaron contacto con textos de Rodolfo Walsh, Julio Cortázar, Tomás Eloy Martínez y Horacio Quiroga, entre otros. Los objetivos del programa son básicamente dos: sacarlos del ocio y fomentar el respeto. “El ocio en las cárceles implica violencia, el que se traten con respeto, que trabajen en equipo es absolutamente revolucionario para ellos”, dice Sarlo.


Por extraño que suene que un grupo de presos exprese sus sentimientos frente a otros, varios son los valientes que se animan. “Me dieron la oportunidad y lo estoy aprovechando. No estamos acá porque somos ángeles, hemos vivido cosas feas. Más allá de que esté mal lo que hemos hecho, uno aprovecha esto para volcar un montón de cosas, para mí venir acá es terapéutico”, confirma Miguel Ángel. La ilusión que tenían en 2010 de formar una cooperativa a través de la cual sus trabajos se puedan publicar y vender, se hizo realidad. Se llama “Cuenteros, Verseros y Poetas” y es la primera editorial carcelaria en la Argentina. “Somos crímenes. Somos castigo. Somos resurrección. Somos un sueño. Somos un proyecto. Somos una Cartonera”, se definen. “No nos odien. No nos discriminen. No nos teman. No nos tengan lástima. Sólo léannos”, aclaman.


YO SÉ. Tanto para ocupar ese ocio como para pensar en un futuro con más herramientas, son alrededor de 1.500 los internos que participan cada año de los Centros de Formación Profesional del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB). Carpintería, confección textil, encuadernación artesanal y serigrafía son algunas de las actividades a las que dedican horas y voluntad. La asociación civil “Yo no fui” empezó con un taller de poesía dictado en la Unidad Nº 3 de mujeres de Ezeiza, y tomó su nombre de una antología publicada con textos de las internas. “Dentro de ese contexto complicado queríamos lograr una energía, un espacio positivo”, cuenta María Medrano, poeta y docente de aquella primera experiencia. Después de ese libro llegaron varios festivales de poesía en la cárcel, y cada vez más penales involucrados (siempre de mujeres y del Servicio Penitenciario Federal) y talleres, tras las rejas y en el “afuera”, con mujeres que recuperaron la libertad o que tienen salidas transitorias. La asociación es “mixta” en ese sentido: “Varias chicas que estuvieron detenidas participaron de la fundación del grupo. Eso le da una cierta autenticidad, porque ellas realmente saben qué se necesita cuando estás privado de la libertad”, cuenta Medrano.


Pero además de los talleres artísticos y de oficios que se realizan, cuatro cárceles bonaerenses cuentan con escuelas propias, y hay una quinta a punto de ser inaugurada. “La educación es uno de los ejes del tratamiento penitenciario, se buscan bajar así los índices de reincidencia”, explican desde el SPB. Son 11.700 internos los que se sientan frente a un pizarrón para recuperar algo del tiempo perdido en su infancia o adolescencia. En el nivel primario hay 4.585 alumnos y en la secundaria se anotaron 4.131, mientras que 169 lo hicieron en el terciario, y 939 cursan materias de la universidad. Muchos de ellos se inclinan por Derecho aunque también optan por Sociología, como en la Unidad 48 de San Martín. Y los que optan por el oficio ante la carrera y el título, también tienen su espacio.


Ángel es carpintero, y dentro de la cárcel encontró una manera de escape a través de lo que sabe: les enseña el oficio a otros tres compañeros de reclusión de la Alcaldía de Malvinas Argentinas, y juntos fabrican mesas y sillas para los jardines de infantes carenciados de la zona. “Todo hecho con amor”, aseguran. Comenzaron en febrero, y el jardín 901 de Sourdeaux será el primer destinatario. “Es un proyecto que tiene que ver con la dignificación del detenido a través de un trabajo para la comunidad. Ellos están especialmente felices porque su trabajo está destinado a niños de los jardines más humildes”, explica Heriberto Cansen, director del penal. Por su parte, Miguel, de 60 años, y Walter, de 25, coordinan dentro de la Unidad Nº 3 de San Nicolás un emprendimiento que fabrica cerca de 150 mil hostias por mes. Fabián, ya libre, es el encargado de distribuirlas en las parroquias. El proyecto surgió en conjunto con la capellanía que funciona en la cárcel, donde dos internos fueron capacitados por hermanas de la orden Carmelitas. Harina, agua, y manos a la obra durante seis horas diarias. Ese es el tiempo que les requiere la actividad por la que reciben una paga. “No obstante, lo más importante es que ellos se sienten bien con lo que hacen, manifiestan respeto y agradecimiento por la oportunidad laboral”, describe Héctor Almirón, director del penal.


PASIÓN DE MULTITUDES. Los lunes y viernes de cada semana, las Águilas 8 se ponen los botines, agarran el palo de hockey, y salen a jugar al patio de la Unidad 8 de Los Hornos. Ellas conforman el primer equipo de hockey sobre césped integrado por mujeres privadas de su libertad, e incluso cruzaron las rejas para jugar un amistoso frente a un equipo de la Universidad Católica de La Plata que contó con varias ex Leonas. Su director técnico es, desde hace ya un año, Jorgelina Bertoni, una ex integrante del seleccionado femenino que busca trasmitirles “actitud, corazón y alma”, los valores fundacionales de este deporte que no sólo les servirán en el campo de juego sino en la vida.


Lejos de las tribunas repletas que cada fin de semana enmarcan los partidos de la primera división del fútbol, Pioneros intenta hacer su camino en el Torneo Argentino C, la tercera categoría del Interior. Compuesto por detenidos de las Unidades 21 y 41 de Campana y guardiacárceles, la pasión no cambia, se mantiene intacta. Salen para jugar de visitantes, y juegan de local en algunas ocasiones en las canchas que existen en los penales. Esos patios suelen recibir la visita de algunos “ídolos”. El partido terminó 6 a 5 a favor de los reclusos cuando jugaron contra Almirante Brown, equipo que milita en el Nacional B. Pero lo más importante no fue el marcador, sino la fotografía impresa en la memoria de los presentes: la tarde en que Maximiliano “Chanchi” Estévez, Jorge Vivaldo, Daniel Bazán Vera y el DT Blas Armando Giunta compartieron con los internos en la Unidad 28 de Magdalena. “Me llamó Bazán Vera y no dudé en venir –cuenta el periodista Gabriel Anelo, que ese día se sumó al encuentro-. El recibimiento fue muy bueno y pasamos una buena tarde compartiendo esta pasión popular tan grande, como lo es el fútbol”. 


Fotos: Alejandro Kaminetzky y Nacho Arnedo.

jueves, 6 de enero de 2011

Educar para la Libertad

La Universidad de Buenos Aires (UBA) creó hace 25 años el Centro Universitario Devoto (CUD) en la ex Unidad Penitenciaria Nº 2, dando inicio a un proceso educativo que posteriormente se amplió con la aplicación de ese modelo por parte de distintas universidades nacionales como las de La Plata (UNLP) y Córdoba (UNC), entre otras.


Actualmente, 429 internos alumnos cursan 19 carreras de grado en siete universidades nacionales que trabajan en conjunto con el Servicio Penitenciario Federal (SPF), y otros 656 lo hacen en las siete carreras que ofrecen la UNLP y la UNC, en acuerdo con los servicios penitenciarios de las provincias de Buenos Aires y Córdoba, respectivamente.

Pero estas cifras sólo son ilustrativas. Cada Universidad tiene autonomía para establecer convenios, por lo que no existen registros centralizados a nivel nacional ni en la Secretaría de Políticas Universitarias sobre la cantidad total de estudiantes presos.

En este informe exclusivo realizado por el periodista Javier D’Alessandro y publicado por la agencia CTyS, se analiza la información que suministra el SPF, además de algunas casas de altos estudios con programas en la cárcel, y abre la discusión sobre la función de la educación superior en contextos de encierro.

Un desacuerdo común

Todos los que intervienen en este proceso –universidades, servicios penitenciarios, expertos y alumnos- creen que la función de la universidad en la cárcel es educar para la libertad, pero, aunque parezca contradictorio, tienen interpretaciones diferentes de lo que eso significa.

“Agregar conocimiento es agregar libertad”, explica el Prefecto Benito Raúl Paredes Sánchez, Jefe del Complejo Penitenciario Federal 1 de Ezeiza. “Siempre la educación favorece el proceso de resocialización y, en general, mejora a toda persona como ser humano”, expresa.

Paredes Sánchez resume el pensamiento del Servicio Penitenciario en los siguientes términos: se educa para reingresar en la libertad. “Existen estadísticas muy claras de que los egresados de los centros universitarios en las cárceles tienen un menor índice de reincidencia”, justifica el director del penal.

Pero esa no es la única educación para la libertad. Para Juan Pegoraro, abogado, doctor en sociología y uno de los impulsores del CUD, “la educación en la cárcel no tiene nada que ver con la reinserción. La universidad no tiene como función reinsertar, reeducar”.

“No sé si la gente que pasa por el CUD vuelve a cometer delitos, ni me interesa”, detalla el titular de la cátedra de Delito y Sociedad de la UBA y agrega que lo que la educación le ofrece a un interno es “un momento de sentirse que no está preso, de pensar fuera de los muros reales y simbólicos de la cárcel”. Para Pegoraro, en la educación en sí misma está la libertad.

En esta misma línea se pronuncia Olga Silvia Ávila, Vicedecana de la Facultad de Filosofía y Humanidades (FFyH) de la UNC, casa que impulsa el Programa Universitario en la Cárcel (PUC).

“La oferta educativa que se realiza a los alumnos presos no se concibe como parte de un tratamiento orientado a su ‘resocialización’ sino como una oportunidad para el ejercicio de un derecho fundamental que los reclusos no pierden, el derecho a la educación”, sintetiza.

Y sin embargo, de todas estas voces falta todavía escuchar la que es, quizá, la más importante, la de los presos, que son en definitiva quienes reciben esta educación. Para ellos la educación es el pasaje a la libertad.

Dentro del régimen penitenciario, los internos tienen ciertos objetivos, entre los cuales está el estudio, que influye en su calificación y en los beneficios a los que puede acceder, entre los que está, por ejemplo, la libertad condicional o las salidas transitorias.

“Muchos estudian para poder cumplir los objetivos; algunos la primaria, otros la secundaria y nosotros la universidad”, cuenta un alumno del centro universitario que funciona en el Complejo Penitenciario Federal I, más conocido como cárcel de Ezeiza.

Para otro de los internos, “si bien hay gente que lo hace únicamente por los objetivos, hay otros que, aunque a lo mejor creían que no estaban capacitados para estudiar, se dan cuenta que no es tan difícil y se ponen a hacerlo”.

“Yo a los 50 años pensé que jamás iba a poder, hace 25 años que no toco un libro y, sin embargo, ya cumplí con todo el CBC. Hay que ponerle un poquito de voluntad, porque no es fácil concentrarse acá adentro, pero no es una cosa para extraterrestres”, reflexiona, y cuenta que fue piloto comercial y ahora estudia abogacía, carrera que seguirá tras cumplir su condena.

UBA XXII y el fantasma del CUD


Hace 25 años, la instalación del CUD daba inicio a UBA XXII, que es en la actualidad uno de los tres proyectos más desarrollados, que corresponden a las tres universidades con mayor antigüedad en el país.

“UBA XXII traslada las estructuras académicas al interior de Unidades Penitenciarias, lo que significa que hay cárceles donde los alumnos presos cursan en iguales condiciones que si lo hicieran en nuestras facultades”, recalca Nair Repollo, coordinadora del programa en la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas (FCNE) de la UBA.

Actualmente, UBA XXII también tiene un centro universitario en la Unidad Penitenciaria Federal II de Marcos Paz, además del centro del Complejo I de Ezeiza y el CUD, aunque este último es el emblema de la lucha de la universidad por instalarse en un espacio tan extraño a ella como es la cárcel, y su funcionamiento es totalmente distinto al del resto de los programas.

“El CUD es un espacio regido por reglas que están discutidas y elaboradas por los presos, con una muy baja incidencia del SPF. Inclusive la guardia normalmente no ingresa, salvo en situaciones extraordinarias. Hay una conquista de un espacio muy importante”, afirma Marcelo Langieri, el coordinador del CUD en Sociología.

El SPF, por su parte, es receloso de lo que pasa allí dentro e impidió que CTyS pudiera recorrerlo, alegando “razones de seguridad”, en tanto permitió el acceso al sector de educación del Módulo I del Complejo de Ezeiza, donde funciona el centro universitario.

Una mañana tras las rejas

Ezeiza es, junto con Marcos Paz, la cárcel más importante que el SPF tiene en el área metropolitana de Buenos Aires, con una capacidad de alojamiento para 1740 internos y una planta permanentes de 1055 empleados. Nacida en los ’90 bajo el ala del menemismo, se la presenta como una de las cárceles más modernas de Sudamérica.

En Ezeiza estudian 122 internos, y 36 de ellos lo hacen como regulares en el centro universitario. Cada alumno tiene acceso a la biblioteca del módulo -que tiene casi 20 mil volúmenes, entre literatura ficcional y no-ficcional, revistas, diarios y otras publicaciones- y a un espacio muy similar al de un colegio primario. Allí se encuentras las aulas, con capacidad para unos 30 alumnos y condiciones edilicias de primer nivel, según pudo comprobar CTyS.

“En el momento que llega el docente y que los alumnos están en el aula, la universidad se hace cargo y es como si estuvieran en la UBA. Nosotros utilizamos un mecanismo de control por cualquier inconveniente que se pueda suscitar, pero no tenemos ningún tipo de injerencia sobre la clase”, relata el director de educación del Penal quien señala que se opera en “condiciones muy similares a las del CUD”.

No obstante, para Langieri, en Ezeiza, “la Universidad da clases pero bajo la supervisión directa del SPF, que tiene el fantasma de que no se le cree otro CUD, o sea otro espacio donde pierde un grado de dominio”, y destaca que “la diferencia es cualitativa, y por eso el CUD es la experiencia más importante, porque genera un espacio de libertad, de estudio, de ejercicio de derechos y de ejercitación de ciudadanía”.

Para los alumnos que estudian en Ezeiza, eso también se nota. “La UBA en el sistema carcelario se inició en el CUD. Y el CUD lo manejan los internos. Y acá es una cosa reciente, que estamos tratando de organizar”, expone uno de los internos, bajo la atenta mirada de las autoridades del Servicio.

Efecto contagio

Si bien la UBA fue la primera que incursionó en la cárcel, también tienen acuerdos con el SPF las universidades nacionales de La Pampa, Comahue, La Patagonia (sede Trelew), Formosa, Río Negro y Patagonia Austral, además de las privadas Universidad de Belgrano y Universidad Católica de Salta.

Por su parte, el Programa Universitario en la Cárcel (PUC) de la FFyH de la UNC, ofrece formación desde hace diez años en el establecimiento carcelario del barrio San Martín de la capital provincial, tras dos años de duras negociaciones con el servicio penitenciario local.

Para Olga Ávila, Vicedecana de la Facultad, “el sentido de llevar adelante este programa arraiga en los compromisos que como universidad pública deben asumirse”, mientras que Patricia Mercado, coordinadora del programa, refiere que el PUC “se concibe como una instancia de intermediación entre la universidad y la cárcel”.

“A partir de una herramienta privilegiada como es el conocimiento, la Universidad ingresa la concepción de un sujeto portador de derecho allí donde la cárcel ve solamente un objeto de tratamiento”, enfatiza Mercado.

En el PUC, durante 2009, se ofrecieron cinco carreras para 27 internos de seis unidades penitenciarias de Córdoba. Los estudiantes alojados en cárceles sin sede académica son trasladados hasta la Sede San Martín para participar de las tutorías.

Para Alicia Acín, docente del proyecto, “las tutorías son espacios pedagógicos distintos a una clase convencional, donde los docentes establecen consignas sobre los principales ejes conceptuales de las asignaturas”. La asistencia al PUC es para los profesores una carga anexa a su tarea habitual, con la que la facultad contribuye costeando los gastos de viáticos.

En la Provincia de Buenos Aires la situación es similar. Varias universidades suscribieron acuerdos con el Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), entre ellas la UNLP, donde 629 internos de cárceles de toda la provincia cursan Abogacía, Periodismo y Ciencias de la Comunicación, la mayor cantidad de inscriptos en todo el país.

Los alumnos alternan materias de cursada libre con otras de concurrencia obligatoria. En las cátedras libres pueden presentarse internos de cualquier cárcel de la provincia. En agosto pasado, 118 estudiantes rindieron finales en la Facultad de Derecho mientras que 31 lo hicieron en la Facultad de Periodismo y Comunicación.

Las cursadas obligatorias se dictan en la Unidad Nº 9 del Complejo Penitenciario de La Plata. El SPB facilita la asistencia de alumnos alojados en otras unidades del complejo, por lo que 59 internos, hombres y mujeres, pueden cursar regularmente.

En el conurbano bonaerense, la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), a través del Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES), dicta la carrera de Sociología en el Centro Universitario de San Martín (CUSAM), creado en 2008 en la Unidad Nº 48 del Complejo Penitenciario de esa localidad bonaerense.

Este proyecto tiene una particularidad que lo hace diferente del resto: está destinado no sólo a los presos sino también al personal del servicio penitenciario.

Esa difícil relación


Como es de esperarse, por la lógica contradicción de funciones entre la cárcel y la universidad, la relación entre ambas instituciones es tensa.

Al respecto, la coordinadora del PUC aporta que “las dificultades se sostienen en lógicas de pensamiento y acción diferentes, lo que genera tensiones entre el funcionamiento y el sentido de ambas instituciones, dado que las prácticas de intervención son diferentes y la universidad no entra en la lógica penitenciaria”.

Por su parte, Repollo sostiene que “las trabas más grandes las pone el SPF”. “Que la UBA ingrese a las cárceles molesta y cuando se la puede golpear y dejar mal parada se lo hace”, subraya.

“Ellos son los dueños de las cárceles y lo manifiestan desde que abren una puerta para que podamos entrar. Si bien hay un convenio firmado entre el Rector y el Ministro de Justicia muchas veces ese convenio no fue respetado”, asegura la responsable de UBA XXII en la FCEN.

En este sentido, Juan Pegoraro reconoce que trabajar en conjunto con el SPF “es realmente muy difícil”, y lo atribuye a que “en general, los penitenciarios perciben la formación de los internos como un desafío a su voluntad. Se establece un abismo cultural muy fuerte, y aparecen personas que hablan de cosas que otros no entienden, lo que para ellos es un problema”.

Sin embargo, el reconocido especialista acepta que, a pesar de las dificultades, la vocación de la universidad en la cárcel es “tratar de que los internos se sientan seres humanos, alumnos y partícipes de un proyecto colectivo de reconocimiento personal”.

“Es un desafío, pero en definitiva es tratar de que la vida carcelaria sea más tolerable. Y no quiero hacer ningún romanticismo sobre la cárcel, pero el sufrimiento de estar preso es suficiente como para que la Universidad ofrezca la posibilidad de que personas privadas de su libertad puedan ejercer su derecho a la educación”, concluye Pegoraro.